Domingo, 19 2017
01 de julio de 2016
Opinión: Control de dispositivos mediante la mente

En años recientes las interfaces cerebro-computadora se han vuelto más accesibles y han ampliado su implementación en nuestra vida.

 

Ya en alguna ocasión previa platiqué un poco sobre interfaces cerebro-computadora y la importancia que éstas podrían tener en un futuro. Pues ahora quisiera regresar a ese tema por 2 razones. La primera, porque justo esta mañana nos comunicaron al grupo de investigación en que colaboro en el Tec de Monterrey que un artículo en que habíamos estado trabajando en esos temas ya está publicado en una revista especializada, lo que me da mucho gusto.

 

Y la segunda razón es que hace un par de semanas se llevó a cabo en la Universidad de Florida la primera carrera de drones controlados mediante interfaces cerebro-computadora. La competencia sienta un precedente importante porque pretende acercar al público el uso de las Brain-Computer Interfaces (BCI).

 

Resulta que hasta ahora, mucho de lo que se ha hecho en investigación en BCI tiene fines médicos, pero la verdad es que su ámbito de aplicación puede ser más amplio, y ya hay compañías que lo están visualizando. Es muy probable que en los próximos años veamos diversos desarrollos comerciales de dispositivos que se puedan emplear en cosas de nuestra vida cotidiana.

 

El interés por leer la mente -sus ondas mentales- tiene más de 100 años, y ya existen algunas tecnologías basadas en ello que permiten que personas con parálisis puedan mover miembros robóticos y prótesis. Pero, ha sido en los últimos 5 o 7 años que dispositivos para captar esas señales se han vuelto accesibles para más personas, con lo que su aplicación se ha detonado también.

 

Normalmente estos dispositivos son especies de diademas que se colocan en el cerebro, y a través de un conjunto de electrodos capturan la actividad eléctrica del cerebro, para que luego mediante un programa computacional se analicen esas señales buscando detectar los patrones asociados con acciones, o la imaginación de esas acciones. De esta manera, es posible escribir códigos de computadora que asocien esos patrones al control de otros dispositivos.

 

Si consideramos que algunas de las marcas de esos dispositivos que leen señales de electroencefalografía cuestan alrededor de 500 dólares actualmente, y que vivimos en un mundo cada vez más conectado y que transita hacia lo que se ha llamado el internet de las cosas, no sería de sorprender que comiencen a aparecer dispositivos controlados por la mente para juegos, para nuestro trabajo y para nuestra vida, en general.

 

Podríamos usar nuestra mente para abrir nuestro auto, para hacer una llamada telefónica, para encender un proyector o controlar el software de una presentación en clase. Por supuesto, en países donde existe una industria bélica importante, hay aplicaciones también orientadas a tareas menos agradables. Por ello es importante considerar las cuestiones éticas, legales y de privacidad que toda tecnología conlleva, pero el desarrollo de la ciencia y la tecnología no puede detenerse.

 

Será en buena medida el enfoque que cada investigador prefiera dar a su trabajo lo que haga la diferencia. Por lo pronto, sería interesante que dado que el año pasado hubo un primer gran festival de drones en Jalisco, ahora añadiéramos a la siguiente versión un reto como el que hizo la Universidad de Florida, junto con la compañía Intel. ¿No?

  

Por Gildardo Sánchez Ante

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